Contra la universidad

septiembre 18, 2010

Imagen tomada sin permiso de Letras Libres

Lo primero que me pareció extraño fue que el proceso de admisión a la maestría en la UAM fuera más largo que el primer trimestre.De entrada, es significativo y cierto esto: la obtención de un grado es mitad trámite y paciencia admisnitrativa; la otra mitad, cuando nos va bien, es disfrute y conocimiento.  Después de seis años sin pisar una universidad más que para tomarme un cafecito, me encuentro de nuevo ante las puertas de la ley educativa, de nuevo estoy buscando un título y de nuevo me pregunto por qué.

He discutido con mucha gente acerca de este asunto. Un amigo lacaniano me dijo que si pretendía seguir dando clases, debía estudiar un posgrado por respeto a los alumnos. En mi familia el posgrado es un deber y con razón: sobreviví como ser humano digno y sin carencias gracias a ellos (al trabajo y las becas que mi jefa de familia se consiguió con ellos). Otro amigo cercano afirma que obtener una maestría es sencillísimo y que vale la pena porque te aumentan el sueldo cuando das clases. Pocos argumentos sobre el disfrute de saber, muchos razonamientos pragmáticos. Otro más: mucha gente cercana que está en otros países (Dinamarca, Francia, España, Alemania, Estados Unidos,  etcétera) se ha ido a estudiar posgrados por razones varias:

1. Para conocer.

2. Para vivir experiencias nuevas.

3. Para casarse con un extranjero/extranjera.

4. Para no ver gente fea en la calle.

5. Para exiliarse de este país de mierda.

6. Para recibir una educación de primer mundo.

Todas estas razones son válidas y siempre es tentador encontrar en el estudio el medio para romper con la cuarta pared de la vida nacional; escapar, como sea, de este infierno y luego volver con un título de la Sorbona que nos abrirá puertas como si fuera una llave mágica. O no, depende de la habilidad para usar las credenciales.

Y este país es, lo será siempre, un trampolín, nunca una alberca. Para los mexicanos estudiar un posgrado es un equivalente a encontrar un trabajo o ganarse un viaje todo pagado.

No sólo el derecho a la educación universitaria lo que está en juego cuando hablamos del debo seguir estudiando. Muchas otras ideas rondan por ahí, también.

¿Educación es sinónimo de Inteligencia? ¿Es justo que se valore a la gente por su grado y no por lo que sabe? ¿Cuántos han hecho cosas importantes, intersantes o divertidas sin tener un título universitario? ¿Qué nos venden cuando no ofrecen una carrera? ¿Y cuando lo compramos, resulta verdad? ¿Cuántas instituciones no se han ido al carajo, como el Claustro de Sor Juana, por la fiebre del fimpes y de sólo contratar profesores con posgrado? ¿Cuántos de nosotros no somos buenos en lo que hacemos aunque no tenga nada que ver con lo que estudiamos? ¿No se necesitaría repensar los años invertidos en la universidad, hacer otras cosas en vez de esos ocho o diez semestres en que “aprendimos” cosas que no nos interesaban o que ya olvidamos?

De todo esto y otras cosas habla Gabriel Zaid en estos dos artículos que, creo yo, son imprescindibles para subirle un nivel a nuestra discusión sobre el tema, estancada en la idea de se necesitan más recursos para la educación. Como siempre, la argumentación de Zaid es discutible y de pronto parece muy a modo con la privatización de la universidad pública y con el programa neoliberal. Pero, en el fondo y como todo buen polemista, yo creo que Zaid salva el pellejo y está mucho más allá de ese encasillamiento:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=14749

http://www.letraslibres.com/index.php?art=14823

Mientras tanto, yo inicio mi maestría con el firme propósito de obtener algo que no me queda muy claro. Pero si me aburro, la dejo a la mitad.

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2 comentarios to “Contra la universidad”

  1. Ana Margarita Says:

    En definitiva, este caso es para la araña. Pero si ya estás en esto, seguro encontrrás algo bueno en el camino. Saludos.

  2. Furtiva Says:

    La academia forma parte de una determinada esfera profesional y en mi opinión termina minando la búsqueda de conocimiento. Estudiar un posgrado es una forma de vida, de insertarse en un cierto mundo profesional, de crear contactos. Y es una tristeza que tenga que ser así, porque cada vez lo veo más lejos de la búsqueda auténtica…


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