Nunca más, después de esos años de explosión en que vivieron y murieron las vanguardias, la literatura volvió a considerarse un discurso al margen de la historia de las ideas, que permanece silencioso (aunque es el discurso que nunca se calla) y emerge de pronto del río de la historia con la forma del umbral por el que ha de atravesar una episteme en su transición discontinua hacia otra. Es difícil trazar en unas pocas páginas las consecuencias que tuvo para la configuración del conocimiento en el siglo XX el estallido vanguardista, pero se configuró de tal manera que en la segunda mitad del siglo la literatura halló más motivos para cumplir lo que la vanguardia había previsto: la historia es una forma de ficción y quien puede construir mejor esa ficción es la literatura. ソCuáles fueron esos motivos?: sobretodo los hallazgos que alcanzó la ciencia : la relatividad, las teorías de los universos paralelos, la mecánica cuántica, la geometría fractal, la teoría del caos; todo parecía concluir una sola cosa : no hay fenómenos, sólo posibilidades de fenómenos; no hay certezas, sólo la posibilidad de prefigurarlas, de crearlas. Las tramas del azar que intuían los surrealistas habían triunfado en el discurso de la ciencia. Ideas arcaicas, fundamentales en el cuerpo de las principales religiones de la humanidad, como la transmigración de las almas, la existencia de otros mundos o la reencarnación, aparecieron luego de siglos en donde menos se les esperaba: en una operación matemática, en las teorías cuánticas. Como nunca, la literatura parecía más cerca de lo que en realidad el mundo es, que cualquiera de los otros discursos sobre los que descansa el conocimiento: la ciencia llegó al lugar en que la literatura había subsistido: la creación de posibles, el ordenamiento ficticio de lo múltiple, la creación de un origen, el mito.

La literatura de fin de siglo responde a este acomodo del saber y ha generado una nueva forma de escribir libros. Se trata de lo que unos han llamado novela posmoderna o hiper-novela. No es otra cosa que una serie de novelas que han coincidido en tiempo y en estrategias narrativas pero que dan cuenta de un estado de cosas, pues se reproducen y comienzan a ser representativas de una época. Se trata de novelas que cuestionan la posibilidad de contar algo que no sea ficción. Sin ser algo negativo, la ficción es aquél discurso que permite la existencia de todos los demás, pues representa la forma en que todos los otros discursos se han configurado, es decir, como estrategia de narración, como cierto acomodo de ideas y cierto desarrollo de las mismas. Estas novelas incluyen información histórica e imaginada, citas de libros inventados y reales. Además, al final o al inicio del libro, se encuentra una explicación de cómo se hizo la novela, un índice de citas y autores, planos de la obra, mapas conceptuales. Se trata de libros que cuentan la historia de sí mismos, que cuentan además la historia de personas al mismo tiempo que de personajes, que se traen consigo una forma de leer, una forma de construcción, una forma posible de realidad, que oscila entre el libro científico, la novela, el libro de historia y de investigación sociológica. Los autores, conscientes del peso de la narración en la construcción de las realidades que conviven en este mundo, emprenden formulación del libro total, que se incluye en la historia como un hecho de ficción que ha sucedido. Ahora, en literatura no se discute cuál es su estatuto de realidad : si es que imita la realidad real, como el realismo, o crea su propia realidad interna, que se parece al flujo informe de la vida, como la vanguardia. Y es que ahora se sabe que la literatura construye el referente y luego habla acerca de él. Por eso la literatura no puede dejar de ser autoreferencial y nunca en toda su historia ha dejado de serlo: al hablar del mundo, la literatura habla de la creación del mundo que ha hecho el lenguaje, al hablar de las cosas habla del lenguaje, al hablar de la historia de los hombres habla de las historias que ha contado la literatura. Durante siglos, la literatura ha hablado de las realidades que ha creado, sean posibles o no, hayan sucedido o no.

En lo que parece ser una extensión de la que Foucault anuncia como la episteme de la modernidad, que descubrió al hombre y a la historia, la literatura ocupa un lugar central. Si bien para Foucault la literatura siempre aparece en el borde de una época y anuncia la siguiente, con su fuerza creadora, con su capacidad de crear dentro de sí un nuevo orden posible, ahora, esa misma capacidad que antes marcaba cierto límite entre epistemes es la episteme. El propio discurso de Foucault se despliega en esa episteme: Las palabras y las cosas es un libro de literatura, que ha construido una ficción totalizante y que ha creado una forma de ser, de operar de cuatro siglos de historia, y que ha sido capaz de reflexionar acerca de las continuidades y discontinuidades de los discursos, de la ausencia de una razón absoluta, de la presencia de una razón secreta, que está detrás de las cosas y dispone los discursos desde atrás, del mismo modo que la literatura en las epistemes transcurre en un río subterráneo y luego explota, revierte la forma del conocimiento, y vuelve a ocultarse a incubar el futuro. Esta disposición del discurso literario, que antes estaba en las orillas, en las márgenes del tiempo y ahora es el centro mismo del flujo, es el mecanismo revelado, el atrás echado hacia adelante, es lo que hemos llamado la episteme de la ficción.

ソQué significado tiene la ficción desde este punto de vista? Quizá el que ha tenido siempre pero que sólo ahora se puede definir por completo: la ficción es la disposición de la forma en la que varios discursos se relacionan y funcionan de alguna manera para crear un efecto. De dicho efecto depende la efectividad de las construcciones discursivas. Para qué se construye: para comunicar esa misma disposición de formas que, a su vez, anuncian la posibilidad de que esa disposición de formas pueda ser también una disposición de cosas. En cierto sentido, la ficción es una suma de artificios gracias a los cuales las palabras son capaces de articularse con cierta realidad. Dicha realidad no es sino la suma de otros tantos discursos, de otras tantas articulaciones. Foucault anunció que la invención de la historia implicaba la invención del origen de la historia. El origen es, en este caso, la naturaleza ficcional de las articulaciones que dieron origen a todos los discursos y que llevaron, según la arqueología del saber de Foucault, hasta el punto en que estamos hoy: somos conscientes de nuestra capacidad de invención. Pero, ahora que la literatura se encuentra en el centro mismo de la episteme, ソqué será aquello que está detrás ahora, que será eso que emerja del río de la historia y subvierta la episteme de la modernidad, la episteme de la ficción? ソQué puede haber detrás de lo que es invención sino más invención o, en todo caso, el origen de toda invención? ソDescansa esta episteme en el vacío si descansa en el lenguaje, que es, según Foucault, un no lugar? Estas parecen ser las preguntas que la época le hace a sus discursos y, si es verdad que la posmodernidad no es otra cosa que una crítica a la modernidad, en la respuesta a esas preguntas estará el sentido de una episteme que no alcanzamos a ver todavía, pero que espera al final de esa crisis.

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